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El payasito de la clase

—Fui a la gasolinera con Sharon.
—¿Qué Sharon?
—Gasolina.

Ese chiste me lo contó Alan. El payasito del salón de mi secundaria. A la fecha me da risa… sé que es una pendejada, pero tiene 20 años dándome risa.

Me gustan mucho los chistes, y la comedia, y hacer reír. Pienso que la comedia es el escote de la inteligencia: no conozco a nadie (NADIE) que sea una persona inteligente y no tenga buen humor.

A ver, no es secreto para nadie lo que me pasó la semana pasada y no voy a fingir que todo esto no tuvo tintes políticos. Todos lo sabemos, si no, usted está haciéndose pendejo. 

Porque en mis contenidos hemos criticado a todos los personajes políticos de los últimos 8 años que tiene el programa, pero cuando tocamos a mi viejito santo, es cuando las nubes se cierran y comienza la lluvia de odio.

Porque, insisto, no hay nadie que sea inteligente y no tenga buen humor.

La única misión del chiste es hacer reír. No necesita justificarse. No necesita ser inteligente y sesudo, no siempre tiene que ser una fórmula precisa y una premisa blindada, a veces un “¿Qué Sharon? Gasolina” basta para desatar la risa.

Y ahí es donde gana el chiste. Ahí anota su punto. Nocaut.

Hay que entender que el fin último de la comedia no es aleccionar a nadie: es hacer reír. Y ya, ya ganó, ya te reíste, ya te la pelaste. Nocaut.

Pero estos últimos años, dentro del laberinto de lo políticamente correcto, mencionar alguna cosa o hacer un chiste de otra, es igual a SER esa cosa. Todos tenemos stickers políticamente incorrectos en nuestro Whatsapp, todos. ¿Por qué? Porque dan risa. ¿Es usted alguien racista por tenerlos? Probablemente no.

Saber separar al humor de una situación real ya no es el común denominador, y es ahí en donde los comediantes encontramos un camino minado, por sobre el cual, hay que bailar tap. Y ser gracioso.

Ayer un periodista me regañó en Twitter por hacer un chiste del temblor diciendo que “no le parecía correcto” cuando él mismo hizo un chiste en el temblor pasado. Karma. Nocaut.

Y no soy pendejo. Entiendo cómo piensa esta gente: no es que no le parezca correcto que se hagan chistes de algún tema… es que no le parece correcto que YO haga chistes de algún tema.

¿Por qué? Porque este bufón se burla de todos los políticos, AMLO incluido. Y el periodista regañón en este caso, es fan de AMLO.

Porque es muy divertido el pastelazo en la cara, hasta que el pastelazo te da en la cara.

Lo acepto, a veces hemos hecho chistes y tenido guiones que son perfectibles y pueden llegar a ser ofensivos (nunca intencionalmente), lo que sucedió la semana pasada es prueba de ello y estamos conscientes que tenemos que apretar un par de tuercas para llevar a nuestro humor a un grado más pulido.

¿Pero de eso a someterme a una fiscalización del humor? Jamás.

Mucho se habla de la comedia no-ofensiva, pero poco se habla de que la fórmula de la comedia es “Tragedia más Tiempo igual a Comedia”.

La comedia necesita una tragedia, para que con la incidencia del tiempo, dé risa.

Esa es la fórmula. Yo no la inventé. Esa es la fórmula. Googléenla.

Y eso lo sé, porque soy parte de una generación que creció con South Park, con los Simpson, con Ren y Stimpy y la gente que me regaña y a la que “no le parecen mis chistes” es una generación que creció con Ensalada de Locos, con el Güiri Güiri, con La Carabina de Ambrosio.

Ambas generaciones reímos a carcajadas con un humor políticamente incorrecto delicioso: “Las Hermanitas Mibanco” que eran hombres vestidos de mujer haciendo divertidos sketches de solteronas en aprietos, Andrés Bustamante y su personaje de científico japonés enseñándonos ingeniosísimos inventos, los Polivoces poniéndose una guaripa y un zarape, haciéndonos llorar de la risa con Chano y Chon.

¡Qué bueno que aquellos genios no hacen comedia en estos tiempos!

Porque ya hubieran acusado de “transfóbico” a Héctor Lechuga, porque ya le hubieran llamado “racista” a Bustamante, porque ya les habrían dicho “clasistas” a los Polivoces.

Esto no pasó en aquel entonces, porque su comedia sucedía en una época dorada donde la gente sabía apreciar el humor y hacer lo que el humor tiene como regla de oro: no tomarse tan en serio.

No tomarse tan en serio. Eso funciona hasta para la vida.

Ese día, cuando por mi humor me apedreaban miles en Twitter (121,000 para ser exactos), empezaba a ponerme triste.

Pero en eso, empecé a recibir mensajes de apoyo y cariño de comediantes que idolatro: Eugenio, Omar, Alan, Trujillo, Trino, Consuelo, O’Farrill, Sosa, Nieto.

Y entonces mi día se iluminó, porque era un payasito de la clase que supo que no estaba solo, se dio cuenta que había otros payasitos en otras clases y entre todos le decían:

Ánimo, Chumis, son sólo chistes. ¿Quieres que te cuente uno?

—Fui a la gasolinera con Sharon.
—¿Qué Sharon?
—Gasolina.